Decir que hay lugares de este mundo que parecen de otro planeta ya sería más que un cliché, un plagio de mí mismo. Te lo repetí tantas veces que ya he perdido credibilidad. Pero esta vez voy a prometerte algo: Si continuas leyendo, voy a llevarte por un rato a un viaje fantástico. Si venís conmigo, vamos de paseo a otro mundo dentro de este. Ya verás. ¿Preparado? Entonces abrochate el cinturón, que el camino será largo y movido. Y por supuesto, abrí bien los ojos y la imaginación, pues vamos uno de los lugares más increíbles de la Tierra: el Salar de Uyuni.

Este periplo comienza en un pequeño pueblito desolado de la puna boliviana. Uyuni, no tiene más nada que algunas pocas calles, una estación de tren, viento y mucho polvo. ¿Te he dicho trenes? No sólo tiene una su estación, sino también un cementerio de ellos. Allí descansan los cadáveres de formaciones antiguas, hoy convertidas en chatarra y óxido. Es el hogar de bandas de perros callejeros y el lugar de trabajo de algunas señoras que durante la tarde, realizan una misteriosa tarea de cavar pocitos en el suelo en busca de vaya a saber uno qué. ¿Serán tesoros? ¿Restos? No lo sé. Pero de seguro ellas saben algo que nosotros no. Nombres, fechas, testimonios de presencia, declaraciones de amor, obras de arte, frases filosóficas y hasta la mismísima Ley de la Gravitación Universal de Newton es parte del escenario. De momento, no más que eso, aunque es un buen comienzo de aventuras.

cementerio de trenes uyuni

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Pero no estamos aquí para recorrer el pueblo. No. Llegamos porque es la puerta de entrada al Salar de Uyuni, el más grande del mundo, tanto que algunos dicen que puede verse desde la Luna. Allí dentro, y en sus alrededores nos esperan imágenes, colores que nunca viste, sensaciones y experiencias alucinantes. ¿Te lo imaginas? Estoy seguro que todavía no. Allá vamos.

A medida que viajamos en nuestra camioneta, las montañas se hacen más pequeñas, y aunque estemos a más de 3000 msnm, el paisaje se va abriendo, se va poniendo llano. Poco a poco, el suelo cambia de color. Se va pintando de blanco, como si estuviera nevado. Lo pisamos. Nuestros zapatos se hunden. Parece nieve pero no lo es. Es sal. Sí, sal. Aún es poca cantidad, sólo unos centímetros. Es que estamos recién el al borde de algo que se supone que fue un gran lago. En el centro la profundidad puede ser de varios metros.

salar de uyuni en bolivia salar de uyuni en bolivia salar de uyuni en bolivia

Vamos a adentrarnos hacia donde el horizonte es una línea estrictamente recta que separa el cielo del ¿cielo?. Parece como si viajáramos hacia el fin del mundo, directamente hacia las nubes. De repente, cuando uno menos lo espera, estás rodeado. Todo se vuelve tan blanco y brillante que de andar con la cara fruncida por el encandilamiento empiezan a doler las mejillas. Si pudiera tener una vista de 360 grados, no vería otra cosa más que un cielo celeste y un suelo de sal. Da lo mismo que esté arriba u abajo, que esté atrás o por delante. Da igual si es grande o pequeño, si está de pies o cabeza. No hay leyes de perspectiva, ni de gravedad. No hay leyes de ningún tipo. Es un flotar en el espacio. Que lindo es flotar! ¿Y volar? Te dije que íbamos a un viaje fantástico ¿no? Bueno, entonces vamos a volar!

salar de uyuni en bolivia

Fotografía proporcionada por nuestros amigos de Algo Que Recordar

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En el centro exacto del salar queda la Isla Incahuasi, que en lengua quechua, significa “Casa del Inca”. Ahora se puede entender un poco más esta idea de que el salar era un lago. Dicen que los cactus de allí son los más grandes que se hayan visto jamás. Yo lo dudo, aunque tampoco vi tantos y ha decir verdad, estos son enormes. El sol comienza a bajar, haciendo que la sombra dibuje hexágonos sobre el piso hasta el infinito. Ahora sólo resta esperar, porque (y eso es algo que aprendí viajando) la naturaleza es bastante celosa y sólo muestra su maravilla como recompensa a quienes le tengan la suficiente paciencia. Es el atardecer. He visto miles pero este no es como cualquier otro. Parece como una escena de efectos especiales que ni el mejor de los cineastas podría realizar. Todo nuestro entorno se vuelve de diferentes colores, cambian uno a uno en una secuencia vertiginosa a medida que la luz se hace más tenue. Amarillo, naranja, rojo, rosa, fucsia, violeta, azul. No son más de dos minutos que pasan tan rápido que no hay que pestañear para disfrutar de cada instante, único y efímero. No puedo creerlo. Yo sé que esto no puede ser real, no puede ser posible, pero está sucediendo frente a mí y sé que no estoy soñando. Es uno de los momentos más psicodélicos de mi vida. Ah, no me crees? Mirá!

salar de uyuni en boliviasalar de uyuni en bolivia

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Al día siguiente salimos rumbo al Parque Nacional Avaroa viajando a través de una llanura por donde ya no hay caminos. Llegamos a una laguna algo extraña. El paisaje la muestra entre orillas de sal, laderas doradas, montañas rojas y picos nevados. Esta totalmente poblada por flamencos rosados que al reflejarse en el espejo de agua se duplican en una imagen surrealista, digna de un cuadro de Salvador Dalí. Muy cerca de allí queda laLaguna Hedionda, cuyo nombre refiere a ese olor pestilente que despide, producto de su alto contenido de azufre. A nosotros no aleja, pero a los flamencos parece encantarles.

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Continuamos navegando, atravesando montañas a campo traviesa, levantando una nube de polvo a nuestro paso. El camino se hace más complicado, las piedras son cada vez mayores y como era de esperarse, pinchamos nuestra primera rueda. Nos bajamos a reparar la camioneta. El silencio es total, sólo se escucha el zumbido del viento. Imaginalo, un eterno y suave silbido. Estamos en medio de la nada. Somos un punto ínfimo en esa parte vacía del mapa en la que nadie repara. Somos la aguja en el pajar. Estamos solos, en el Desierto de Siloli. Muchísimas veces me preguntaron por qué viajo. Es algo difícil de responder, pero creo que uno de los motivos es para llegar a estos lugares tan lejanos e inhóspitos. ¿Para qué? Para sentirme pequeño. Siempre pensé que viajar es un antídoto eficaz contra el ego cuando uno aprende que es simplemente un átomo minúsculo del mundo. No me lo van a creer, pero en tiempos dónde el éxito es la ley, sentirme pequeño me hace feliz.

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No tengo idea como será el paisaje de Marte pero seguramente debe ser parecido a lo que estoy viendo. Perdón, a lo que estamos viendo, porque estamos juntos en esto. Rocas, muchas y de todos los tamaños, formando una superficie ondulada color naranja y azufre que contrasta con el azul intenso de un cielo desgarrado por las nubes. Aquí no hay vida de ningún tipo, ni animal, ni vegetal, ni algo que se le asemeje. A lo lejos se ven unas montañas rojas, granates y marrones que parecen pintadas al óleo. En medio del desierto nos encontramos un conjunto de formaciones rocosas de siluetas extrañas erosionadas por el viento. Una se llama el Árbol de Piedra, una piedra gigante parecida a un algarrobo, que recuesta su sombra con una belleza estelar. A su alrededor, hay una especie de bosque petrificado. O una ciudad, o lo que te quieras imaginar, pues de eso se trata este viaje. Para mí no hay dudas, estamos en el espacio sideral. Sólo falta la nave y la lluvia de cometas para caer en la evidencia de que estamos en otra galaxia.

Desierto de Dali en Bolivia

Desierto de Dali en Bolivia

El segundo día de la travesía termina otra vez en un refugio a más de 4000 msnm. La noche nos muestra su paisaje cósmico, rodeado de estrellas. Dormimos poco porque hay que despertarse a las 4 AM para ir a ver los Geisers. ¿Alguna vez viste Geisers? Vamos, que hoy estás en tu día de suerte. Salimos tan temprano que todavía había oscuridad total, nuestro piloto viaja a toda marcha través de las tinieblas. Sólo se ven las luces de otros vehículos y el horizonte que empieza a aclarar, pintando el cielo de violeta. Luego de subir una montaña, allá los vemos.

Geisers en Bolivia Geisers en Bolivia

El frío es inexplicable. La ropa se congela. Aquí afuera hace quince grados bajo cero. Fresco ¿no?. Hace tiritar a cualquiera. Es el precio que a veces tienes que pagar si no quieres ver el mundo detrás de una pantalla. El ruido se escucha cientos de metros antes de llegar. La Tierra es una olla a presión, no es más que la furia del planeta saliendo por las fumarolas. Pero es increíble. Y bello. No. No puede ser este planeta. Te dije que nos íbamos lejos. Ya no sé donde estamos, pero ¿te gustó el paseo?

Geisers en Bolivia
Geisers en Bolivia

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El sol comienza a asomar y se siente tan bien cuando pega en la cara. A veces la felicidad puede ser el placer del sol en la piel en un día helado. Tan simple como eso. O ver el humo de los geisers con la luz del amanecer. También. O correr por un bosque de piedras. O pasear por Marte. O ir hasta el cielo. O volar. Lo que sea que te haga sentir vivo. Antes me había preguntado por qué viajo. Viajo para sentirme vivo. Y sentirme vivo, me hace feliz. ¿Y vos, como te sentís ahora?

Desierto de Dali en Bolivia

DATOS ÚTILES PARA POTENCIALES VIAJEROS

La moneda oficial de Bolivia es el Peso Boliviano. (u$s 1 = 6.92 Bs)

¿Cómo llegar?

Se puede llegar en tren desde Villazón (frontera con Argentina) o en bus desde La Paz. Nosotros lo hicimos desde Potosí, son 4 hs de viaje con un costo de 30 Bs. Uyuni también cuenta con aeropuerto y vuelos regulares desde las ciudades más importantes de Bolivia.

¿Dónde dormir?

Uyuni es más caro que el resto de Bolivia por ser un lugar estrictamente turístico. Los alojamientos suelen ser un poco más elevados, aunque luego de regatear bastante, conseguimos un hostal a 35 Bs por persona.

¿Qué comer?

No hay grandes restaurantes. Les sugiero probar carne de llama, plato típico de la zona.

Excursión al Salar:

La gran mayoría de las agencias de turismo se encuentran sobre la Av. Ferroviaria. Hay algunas más caras y otras más baratas. En mi opinión, creo que no puede haber diferencias sustanciales entre los servicios de las diferentes agencias. El tour de 3 días y 2 noches, nos costó 600 Bs. Pueden volver a Uyuni o pedir que los dejen en la frontera si es que desean cruzar a Chile. El precio incluye traslados, alojamiento, comidas y guía. No incluye: Entradas a la Isla Incahuasi (35 Bs.), al PN Avaroa (150 Bs.) y transfer a San Pedro de Atacama.

 

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