No me iba a salvar del frío, lo sabía. Aunque después de haber pasado mis últimos doce meses entre veranos europeos, calor marroquí y sol caribeño, no me atrevía ni a imaginarlo; dentro de mí siempre supe que ese día llegaría. Llegó en Ecuador y pese a toda mi pena tenía que afrontarlo. La gran Cordillera de los Andes, me abría sus brazos a más de 3000 msnm y yo iba directo a internarme bien dentro de sus entrañas.


UNA LAGUNA

Todo surgió en Quito. “Y si vamos todos al Cotopaxi y la Quilotoa”, dijo alguno. El resto asintió. Así fue que partimos junto a una caravana de viajeros rodantes que conocimos y nos hicimos amigos en la capital. Como nosotros no tenemos vehículo tuvieron que adoptarnos por unos días. La consigna era llegar hasta la Laguna Quilotoa, que la presentaban como un “imperdible” de Ecuador.

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Luego de atravesar largos caminos de paisajes surrealistas, en los páramos más altos del país llegamos al pequeño pueblo de Zumbahua. La laguna queda a unos pocos kilómetros de allí, pero como la noche asechaba gélida, decidimos dejar la carpa guardada y alquilar una pieza, mientras el resto de los vehículos iban a armar su campamento en las alturas. A la mañana siguiente nos despertamos para ir a juntarnos con ellos. En el pueblo nos dijeron que no había ningún transporte, más que un taxi que nos cobraba una suma inconsiderable. El taxista nos dijo: “Es imposible llegar. ¿Cómo van a ir?”. A dedo!!! Nos paramos en la ruta y el primer camión que pasó nos subió.

Nuestro “chofer” nos dejó a unos pocos metros de la entrada al pueblo (desconocíamos que había pueblo, sino hubiésemos subido con todos). Pura montañas, no se veía ni rastros de una laguna. Ahora debíamos encontrar a nuestros amigos, tarea no muy complicada teniendo en cuenta que era una acumulación de siete camionetas en un pueblo de seis manzanas. Rápidamente los vimos. Nos recibieron a los gritos y festejos, mientras Flor y Pablo nos pidieron que cerremos los ojos. “¿Para qué?” dije. “Vos cerrá los ojos, querés”. Los cerré. “No los abras hasta que yo te diga, no hagas trampa.” Me llevaron a caminar unos metros guiándome con sus manos en mis hombros. “Cuidado acá, hay una subida. Ya casi llegamos. Ahora si. Abrilos”. Los abrí y estaba frente a esto:

La Laguna Quilotoa.

La Laguna Quilotoa.

La Laguna Quilotoa es una maravilla de la naturaleza. Es nada más y nada menos, que el cráter de un viejo volcán ya extinto que debido a sus distintos minerales le otorga al agua un color entre verde y turquesa que mis ojos nunca habían visto. Hay varios senderos para hacer, pero preferí pasar todo el día mirándola desde allí arriba. Por la noche hicimos fogones, cantamos, comimos y nos divertimos. Al otro día volví a mirarla, una y otra vez.

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LA MONTAÑA Y EL PRESIDENTE

El Volcán Cotopaxi es uno de los íconos turísticos de Ecuador. Su forma perfectamente cónica y sus glaciares eternos en la cima, guardan un especial parecido al Monte Fuji de Japón. Arribamos a la puerta del parque nacional. Los guardaparques nos sugirieron acampar allí ya que restaban unos cuantos kilómetros por camino de montaña hasta la base, a 4500 msnm, donde sería imposible pasar la noche a no ser que se tenga un equipamiento adecuado.

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Le pedimos si podíamos acampar dentro del refugio, y muy gentilmente nos dieron una habitación con una cama, pero con la condición que nos despertáramos muy temprano y no dejáramos rastros. “Discúlpeme la incomodidad, pero es que vienen las Altas Dignidades”. Durante toda la tarde, el equipo del parque nacional estuvo muy inquieto y nervioso. Cuando les preguntábamos que pasaba, siempre nos respondían con el cuento de las Altas Dignidades. “Eh, pero no es para tanto! Ni que viniera el presidente!”, le dije. Se sonrió. “No, es que viene la Ministra de Turismo”.

Al otro día, nos despertamos con el alba, como habíamos prometido, desayunamos, se encendieron las camionetas y partimos a subir la montaña mas famosa del Ecuador. El Cotopaxi amaneció nublado, así que no podíamos ver nada de su cima blanca. Seguimos subiendo por terrenos tan hostiles que pareciera que es imposible la vida a esa altitud. Algunas camionetas se rindieron, y nos fuimos reacomodando hasta que llegamos al estacionamiento. 4500 metros de altura, y un viento que no nos dejaba estar afuera por más de cinco minutos. La cara se nos helaba y casi no sentíamos las manos. Creo que fue uno de los mayores fríos de mi vida. Pero ya estaba allí y debíamos subir 500 metros a pie para llegar a la primera base. Muchos prefirieron quedarse. Yo me puse todo el abrigo que tenía, agache la cabeza y empecé a caminar.

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Más de una hora tardé en subir esa loma hasta la casilla. El aire me faltaba, las piernas no me respondían y el frío era implacable. Pero finalmente llegué, y como premio la cima se despejó y la montaña nos mostró todo su glaciar. Como frutilla del postre, cuando bajábamos, empezó a nevar.

A la vuelta, decidimos parar en una laguna a disfrutar del paisaje. Mientras sacábamos fotos y charlábamos sobre el lugar vimos pasar una caravana de vehículos a toda velocidad, dejando una estela de polvo en el camino. “Algo extraño está pasando acá”. Todos coincidimos que era el presidente. Cuando regresamos al refugio, vimos que había un fuerte operativo de seguridad y policías motorizados. Listo, ya estábamos convencidos, sólo restó acosar un poco a los guardaparques para que confesaran la verdad: El presidente Correa, había ido a escalar el Cotopaxi y estaba a punto de bajar.

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Imagínense, todos fuimos a encarar a la jefa del parque para decirle que queríamos saludar a la “Alta Dignidad”. Habló por radio, consultó y nos dijo que nos quedáramos, que el presidente quería a parar un minuto para conocer a los viajeros. Agrandadísimos, retrasamos nuestra partida. Esperamos una, dos, tres horas y nada. Hasta que finalmente nos pidieron que nos acerquemos a la ruta. Pasó un coche, otro más y el tercero frenó. Se abrió la puerta y bajó Rafael Correa, el presidente de Ecuador. Ahí ocurrió una especie de circo viajero-argentino. Una guitarra y un violín empezaron a tocar una chacarera. No faltó quien lo saludara como si fuese amigo de toda la vida: “Ey, que haces Rafa! ¿Brava la montaña?”. Otros le presentaron al perro. Sí al perro! Otros le regalaron cosas. Yo le ofrecí un mate y esta foto que llevará siempre en su recuerdo. 😉

Cuando terminó la canción, se despidió y mientras caminaba hacia el auto se dio vuelta y nos dijo: “Cuando me retire, quiero hacer lo mismo que ustedes”.

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BAÑOS Y SORPRESAS

La caravana se separó. Cada uno siguió su camino según sus planes. Algunos siguieron hacia el norte, otros a Perú. Nosotros seguimos viaje por la costa, luego por la selva hasta que el viaje nos depositó nuevamente en la montaña. Pero esta vez iba a ser en un lugar mucho más amigable. Baños de Agua Santa, es un pequeño pueblo ubicado en la unión entre la Amazonía y la Cordillera de los Andes. El resultado es paradisíaco. Un cañón por donde pasa un río correntoso, rodeado de montañas verdes, flores de colores, cielos celestes, decenas de cascadas hermosas y un volcán activo.

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Haciéndole caso a su nombre, nos quedamos allí para descansar en sus baños de aguas termales, que provienen directamente del volcán. En aquellos primeros días fuimos a un lugar que tenía muchas ganas de conocer desde que llegamos a Ecuador: La casa del árbol. Se trata de un sitio que sirve de observatorio de la actividad del Volcán Tungurahua, que tiene una vista privilegiada desde un árbol donde el dueño ha construido una pequeña casa de madera en su copa y desde su rama cuelga una hamaca que permite columpiarse en el precipicio.

No se porqué, pero allí hay una energía y una magia especial. Todas las personas llegan con una sonrisa a jugar y a recuperar, aunque sea por un rato, esa capacidad de asombro que tenemos cuando somos niños.

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columpio del fin del mundo, baños, ecuador

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Los siguientes días transcurrieron entre cascada y cascada. La más famosa es el Pailón del Diablo. Un salto con una cantidad de agua y de violencia que hace revivir al mismísimo satanás. Uno puede subir por una escalera, cruzar una cueva y pararse justo detrás de la catarata. También conocimos otras más solitarias, y no menos bellas, como la Chamana. En realidad hay toda una Ruta de las Cascadas, que es muy recomendable para hacer en bicicleta.

 

Pailón del Diablo

Pailón del Diablo

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Cuando volvíamos, sentimos una explosión. Pum!!! Miramos al cielo, y vimos que Baños nos despidió con su mayor atractivo: El Volcán Tungurahua haciendo erupción.


AL FIN LA NIEVE

A lo largo de todo el viaje, me había tocado conocer y transitar la más variada carta de ecosistemas. Playas caribeñas, desiertos, sabanas, montañas, islas, volcanes, bosques secos, nubosos, tropicales, hasta la mismísima selva amazónica. Pero a pesar de todo el camino recorrido, y todas mis fotos de pies en lugares tan diferentes (ver #PieaPie) había algo que me faltaba. Solo me restaba pisar la nieve.

Nunca hubiese pensado que eso sucedería justo en el medio de los trópicos de Ecuador. En el Cotopaxi, estuve cerca, pero la inclemencia y la hostilidad del clima no me permitió llegar hasta los glaciares. Para ello tuve que llegar hasta el Volcán Chimborazo, el pico más alto del país. Con sus 6310 msnm, muchos dicen que es la montaña más alta del mundo, más que el Everest, tomando en cuenta que por la forma de la Tierra y por ser la más cercana a la linea ecuatorial, su cima sería la más alejada del centro del planeta.

Con ustedes... El Chimborazo!

Con ustedes… El Chimborazo!

La maravilla de las carreteras ecuatorianas hizo el trabajo muy fácil. Desde Riobamba nos tomamos un bus local que nos dejó en la entrada al parque nacional. Desde allí debíamos caminar al menos tres horas hasta llegar a la base. Empezamos a andar, todo en subida, por un camino de tierra. A la primera curva, dejamos de ver a los guardaparques y nos dimos cuenta que la aventura no iba a ser nada fácil. Estábamos totalmente solos, en medio de la hostilidad del páramo a más de 4000 metros de altura. Las vicuñas nos miraban sin entender que hacen estos dos locos caminando.

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Adelante de nuestra mirada, todo era niebla y unas nubes negras que no auguraban lo mejor. Dicho y hecho, muy lentamente empezó a nevar. A los cien metros, un poco más. A los quinientos, la lluvia ya era bastante fuerte. Ibamos sólo una hora de camino, así que evaluamos la opción de volver atrás. ¡Maldita sea, me quedo otra vez sin nieve! Cuando de repente, un fuerte trueno nos estremeció y junto con el ruido aparecieron las luces de una camioneta que iba subiendo. ¡Gracias Dios del Autostop! En veinte minutos estábamos en la base del volcán.

La idea era llegar a la nieve, así que debíamos subir a pie unos mil metros hasta el segundo refugio. Lo hicimos muy lentamente, otra vez cabeza abajo, con el poco de aire que nos quedaba. Sólo levantábamos la vista para admirar la majestuosidad que teníamos enfrente.

Luego de una hora y mucho esfuerzo, finalmente llegamos a 5000 msnm y ¿saben qué había? Nieve! Mucha nieve! Objetivo y foto de pie cumplida!

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Nos pusimos a jugar como nenes, nos tiramos con bolas de nieve, dejamos huellas, y nos sacamos muchas fotos. El frio y la nevada no nos dejó quedarnos mucho tiempo, dado que el refugio no era un refugio, pues estaba en construcción. Volvimos a la base, dónde tomamos algo caliente y charlamos con los montañistas que comentaban que se venía una tormenta de nieve. Así que nos tocó volvernos, obviamente a dedo y con la satisfacción de haber tachado un ítem más de nuestra larga lista de sueños viajeros.

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DATOS ÚTILES PARA POTENCIALES VIAJEROS

  • La moneda oficial de Ecuador es el Dólar Estadounidense.

Laguna Quilotoa:

  • Se pueden alojar en Zumbahua o llegar directamente al pueblo que está al lado de la laguna. Hay hospedajes desde 4 dólares por persona. Pueden acampar gratis, pero sepan que hace mucho frío.

Volcán Cotopaxi:

  • La entrada al Parque Nacional es gratuita. Pueden acampar en el refugio de los guardaparques (también tienen unas habitaciones, nosotros los convencimos y nos dejaron dormir allí) Deben llevarse comida, pues no hay nada para comprar. De la entrada a la base del volcán hay unos cuantos kilómetros de distancia. No hay ningún transporte que haga ese tramo, si no tienen vehículo deben contratar un taxi o hacer dedo.

Baños:

  • Es uno de los lugares más turísticos de Ecuador, con lo cual el pueblo esta muy preparado para tal fin. Hay hospedajes para todos los gustos y bolsillos, desde 3 dólares. Para comer, les recomiendo hacerlo en el mercado, dónde pueden conseguir almuerzos por 1,50 dólares. También hay muchas excursiones y actividades para hacer. Rafting, Bungee jumping, y caminatas. Pueden alquilar una bicicleta y recorrer la ruta de las cascadas o ir en bus a la que deseen. Algunas son gratuitas, otras como El Pailón del Diablo, deben pagar un ingreso de 2 dólares. Para ir a la Casa del Árbol, pueden caminar o llegar en bus. La entrada es gratuita.

Volcán Chimborazo:

  • Deben llegar a la ciudad de Riobamba. Desde allí tomar un bus hacia Guaranda, que los deja en la entrada al parque. Una vez ahí caminar unas tres horas o esperar que algún vehículos los alcance hasta la base. La entrada es gratuita. Les recomiendo ir temprano, porque el paseo es bastante largo.

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