Nada mejor que ir al mar, pensé. Después de un viaje al desierto, lo que uno más añora es el agua.

Essaouira es mar. Huele a mar, suena a mar y sabe a mar. Se encuentra en la costa atlántica africana, a unos pocos kilómetros de Marrakech. Completamente amurallada contra las rocas, su medina fue declarada Patrimonio de la Humanidad, por la UNESCO. Allí, en la fortaleza, las olas golpean y sacuden su bruma ante los antiguos cañones que aún se conservan desde la época  en que era tierra portuguesa.

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Como si fuera una ostra, hacia dentro de sus muros se esconde una piedra preciosa. Sus construcciones castigadas por la hostilidad del viento y el salitre, lejos de deslucirla le dan una belleza y un color inigualable. Sus paredes blancas, sus puertas y ventanas azul marino, sus callecitas solitarias, su combinación entre mar e Islam, la hacen distinta al resto de las ciudades. Essaouira, es la perla de Marruecos.

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Con un aire melancólico pero distinguido, es uno de los destinos más elegidos del país por turistas europeos. La tranquilidad que la envuelve, parece convertirla en esos lugares ideales para reflexionar y escribir. Por las tardes, no hay nada mejor que caminar cerca de las murallas para escuchar la música del océano.

Lo que hay en Essaouira es un gran clima. No sólo meteorológico, sino un gran ambiente. Plácida y agradable, enamora con su encanto relajado, con su olor a brisa marina, mezclada con el aroma a menta fresca que se vende en sus callejuelas. Ni muy lenta, ni muy vertiginosa. Pareciera tener el ritmo justo, como el ir y venir de la marea.

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Es uno de esos lugares muy amigables para el turista. La gente se muestra muy amable, sin tanto acoso como en otras partes del país. La antigua medina, además de ser muy pequeña, tiene algo que no se consigue en el resto de Marruecos: Tiene muchas calles rectas, lo cual facilita enormemente la orientación del transeúnte occidental. Realmente es muy fácil moverse allí dentro.  En muy pocos días, uno ya es todo un experto y puede animarse a descubrir sus rincones sin miedo a perderse. Las puertas de entrada, están claramente a la vista y siempre al final de una calle más importante. Y por cierto, todos los caminos conducen al mar.

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Hay una calle principal que cruza toda la medina y que fue una de mis favoritas en mi paso por Marruecos. Por la noche, se llena de gente y se convierte en un gran mercado. Hay puestos de lo que sea: Ropa, artesanías, aceitunas, gallinas, babuchas, vegetales, maníes, etc. Algunos comen caracoles, otros rematan los últimos panes del día, otros negocian productos de los más extraños. Hacia adentro de los locales, se pueden encontrar galerías donde venden pescado grillado, especias de todo tipo, o disfrutar de los mejores panqueques con miel.  Lo cierto es que hay gente que va y viene, que come, que compra, que habla e intercambia durante horas.

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Hacia el final de esa calle está una de las puertas de entrada, que desemboca muy cerca de la plaza Mulay Hassan. La plaza esta rodeada de distintos restaurantes que brindan toda clase de menúes, desde los más caros hasta precios muy módicos. También es el lugar indicado para relajarse por la tarde, tomando un té a la menta.

Un poco alejado de la costa se encuentra el barrio judío. Tal vez por ello, es que no se acercan tanto los turistas. A pesar de ser un poco desolado, allí se ve la Essaouira más auténtica, la de la gente local. Se pueden encontrar los mejores precios y las mejores anécdotas.

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Cruzando la Skala y saliendo del fuerte uno entra en el corazón de Essaouira: El puerto. Nos reciben una multitud de gaviotas que son el símbolo y las auténticas dueñas de la ciudad. No hay postal que no las incluya. Hacia cualquier sitio que uno dispare una fotografía, ellas saldrán como parte esencial del paisaje. Sinceramente, son un espectáculo digno de asombro. Están por todas partes, sobrevolando cada callecita, caminando en cada plaza, o vigilando desde lo más alto de las mezquitas.

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Mas allá, antes de llegar a la nube de gaviotas que revolotean alrededor de los barcos atraídas por su alimento, se ve el enjambre de botecitos azules que descansan luego de navegar por largas horas el océano. Cada cual con su nombre y su personalidad, pero todos iguales y atados unos a los otros, son la imagen misma de la tradición marina.

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Detrás de ellos, los barcos mas grandes y verdadero movimiento. Se puede ver a su gente trabajando en el astillero, construyendo o reparando barcos. Los pescadores están haciendo amarras, armando redes, descargando el pescado del día. Algunos otros, con sus baldes directamente en el piso y a los gritos, vendiendo lo que acaban de pescar. Es un lugar lleno de mística.

Como se ve, Essaouira es principalmente es una ciudad portuaria. Es su trabajo, su motor y su razón de ser. Así lo sienten y lo viven sus habitantes. Es su historia y no hay pueblo que no se defina por su historia.

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A unos pocos minutos de allí se encuentra Sidi Kouki, un pequeño pueblito de no más de veinte casas muy concurrido por surfistas de todo el mundo. Ni bien llegamos el parque eólico contiguo al poblado nos daba la explicación del por qué. El viento tan fuerte nos volaba y levantaba la arena que nos picaba en las piernas como si fuesen alfileres. Playas anchas y solitarias, de esas que el agua en  el suelo refleja el cielo como si fuese un espejo.

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Es el lugar para caminar un poco y relajarse. Allí me pude dar el gusto de volver a pisar  el Atlántico pero esta vez desde el otro lado, desde África. Como frutilla del postre, la tarde me regaló uno de los atardeceres más increíbles que he visto y nos quedamos sentados en la arena siguiendo el rumbo del sol mientras se metía en el horizonte.

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Los días en Essaouira transcurrieron así, en una relación directa con el océano. Entre, brisas, salitres, ocasos, gaviotas, sogas, sedales, redes y sobre todo la amabilidad de su gente, uno entra en su mundo y lentamente queda encantado. Es que entre todos sus elementos hay una especie de armonía, una cadencia propia de la marea. En la serenidad  y en la contemplación del hombre de mar, se encuentra su espíritu.

DATOS ÚTILES PARA POTENCIALES VIAJEROS:

¿Cómo llegar?

Llegamos a Essaouira desde la terminal de Marrakech. El ticket cuesta 150 Dirhams. Bus a Sidi Kouki: 6 Dirhams

¿Dónde Dormir?

Nos alojamos en un riad dentro de la medina pero un poco más alejado de la parte central donde se encuentran precios mas económicos (tengan en cuenta que la medina es muy chiquita y todo queda relativamente cerca). La habitación doble con WiFi, nos costó 125 Dhs por noche.

¿Qué comer?

Comer es muy barato si buscan. Si van a los mercados pueden conseguir precios muy económicos y no gastar más de 10 Dirhams por comida.

  • 1 litro de agua mineral: 5 Dirhams
  • Pan marroquí: 1, 5 Dirhams
  • Una bolsa de aceitunas o maní: 4 o 5 Dhs.
  • Panqueques con miel + Té con menta (para dos personas): 13 Dhs (Altamente recomendado!)

Si comen afuera van a encontrar todo tipo de precios, desde lugares gourmet y muy “turísticos” hasta ofertas en la calle. Un almuerzo les puede salir entre 15 y 25 Dhs si se la rebuscan.

Muy cerca del puerto, los mismos pescadores han montado unos puestitos donde se puede degustar de la producción del día. Todo tipo de mariscos, pescados y langostas a un precio muy interesante si salen victoriosos del arduo regateo. Les aconsejo que vayan a cenar porque a la noche se deshacen de los últimos pescados y ofrecen precios mucho más baratos que en el almuerzo. Tengan en cuenta que en Marruecos no hay un precio fijo, así que regateen duro. Una cena con dos peces, ensaladas, pan y gaseosas, nos costó 90 Dirhams para los dos.

Luego, prueben, regateen y descubran. Hagan su propia experiencia.

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