Fés. Punto. Sólo Fés.

Fez, o فـاس, como quieras escribirla.

No le pude agregar más nada al título, porque sólo su nombre tiene tanta personalidad que ante cualquier palabra que la defina, siento que estoy menospreciándola y no quisiera herir su supceptibilidad.

Fés se define por sí misma. No se puede describir ni comparar. Hay que conocerla, vivirla. Enfrentársela cara a cara.

Fés es una ciudad de esas que no pasan desapercibidas.

Fés te interpela, te provoca.

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Fés tiene vida propia, se mueve todo el tiempo. Cambia para que nada cambie.

Fés habla, y habla su propio idioma.

Fés no es la capital de Marruecos, tampoco es su ciudad más turística. Pero Fés sabe que es la más importante. Fés, la ciudad ancestral, es nada más y nada menos que la dueña del Islam.

Fés trabaja. Trabaja duro y de muchas cosas. Constructores, comerciantes, costureros, cocineros, artesanos…

Pero en sus venas, Fés es cuero.

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En Fés las calles se retuercen, se mezclan, se tejen unas con otras. Se hacen mercado, se techan, se vuelven a abrir,  se hacen más angostas, más oscuras.

O se terminan, Fés tiene cientos y cientos de calles sin salida.

Fés es la Medina más grande del mundo. Es simplemente un laberinto. Fés es esto:

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Fés no espera. Fés es cáos.

Fés te exige, te hace decidir a cada minuto.

Fés te obliga a seguir sus reglas. Te adaptas a su juego o ella te llevará por delante.

Y lo peor (o lo mejor) es que Fés es Fés todo el tiempo. Nunca podrás descansar de ella. Cuando comas, cuando duermas, cuando despiertes, siempre estará ahi.

Tampoco podrás escaparte. No vale la pena intentarlo. Aunque quieras, no podrás ir muy lejos. Fés te persigue, te recuerda.

En Fés nunca estarás solo, nunca estarás quieto, nunca estarás en silencio.

Fés es estímulo constante.

Fés huele a curtiembre y hierba buena. Y a comida, mucha comida.

Fés suena. Fés se hace escuchar. Fés es estridente. Suena a su música, a sus animales, a sus vendedores. Suena a hierro y a madera. Suena a gritos, a pasos, a corridas. Fés canta en árabe desde sus mezquitas cinco veces por día.

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Fés es intercambio. De cosas, de ideas, de sentimientos, de palabras. En Fés no existe eso de «no debes hablar con extraños». En Fés todos hablan con todos. Todo se discute.

Fés está en las risas de sus niños. Simpáticos, inocentes, curiosos, juguetones, magos, equilibristas, futbolistas. Siempre te regalaran la sonrisa del día.

Fés tiene eso, te agobia y de repente a la vuelta de cualquier esquina podrás encontrarte personas maravillosas.

Fés es cordial y amable, pero celosa. Fés exige respeto.

Fés es ella misma. Fés es su propio orgullo de ser Fés.

Fés es sólo Fés.

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