Sentado en mi vuelo 511 con destino a Frankfurt todo parece muy normal. Ya no hay dudas, ni temores, ni preguntas. La carta está echada y allá van, despegando mis sueños, junto al tren de aterrizaje que comienza a separarse del suelo.

Aunque no lo crean, mis últimos días en Buenos Aires han sido bastante intensos. Cualquiera podría pensar que un día dije: “Chau! Me voy de viaje, no se cuando vuelvo” y empecé a vivir unas vacaciones indefinidas. Nada más alejado de eso. La idea de dejar a mi familia, a mis amigos, de renunciar al trabajo y a la seguridad del hábito no es para nada fácil, al menos no lo fue para mí. El cocktail de incertidumbre que me genera este viaje, tiene la misma medida de seducción y de perturbación. Pero extrañamente, aquí en el asiento 30D de Lufhansa todo parece demasiado normal, como si estuviese yendo en el tren a Morón.

Por un instante miro el mapa del radar del avión. Esta a punto de empezar a cruzar el océano. Pienso: Es la primera vez que voy a cruzar el océano!

Se puede viajar con audacia... (Río Moldava, Praga, Rep. Checa)

Se puede viajar con audacia… (Río Moldava, Praga, Rep. Checa)

Como les decía, esto de dejar todo y emprender un viaje sin fecha de retorno tiene esa contradicción, me es tan natural y tan incierto a la vez.  Tiene algo incontrolable, como los sueños. Uno cierra los ojos y queda a merced de ellos, pero quien sueña no es más que uno mismo, contándose una historia sin saber cómo va a terminar. Es que viajar, es como esa canción que aún no fue escrita. Es saber que siempre estuvo allí, esperando ser descubierta, y a la vez, es el vértigo de la página en blanco, de la partitura vacía, del silencio absoluto, y de las infinitas posibilidades que tiene de ser o de no ser nada.

Ya ni siquiera puedo recordar como empezó esta idea. Puedo reconocer momentos claves, eso sí, como cuando organicé fallidamente  (porque nunca se llevó a cabo) una travesía por Bolivia y Perú. Puede ser cuando hablamos con una amiga de viajar por Latinoamérica o cuando Vito me dijo que me vaya con ella a dar la vuelta al mundo. Lo cierto es que en todos esos momentos ya había algo en mí, como si fuese un germen. Ya estaba infectado con el virus del viajar, de sentirme en el camino equivocado, de querer algo diferente para mi vida. ¿Y qué quiero? Quiero dejar de ver el mundo en forma de wallpaper detrás de una pantalla y salir a observarlo con mis propios ojos. Quiero tener algo para contar que no sea por los títulos que logré sino por las anécdotas que viví. Quiero menos cosas y más vida. Quiero menos miedos y más emociones. Quiero algo que no esté en lo normal, sino en los límites.

... o con inocencia ... (Fuente de los Jardines de Luxemburgo, París, Francia)

… o con inocencia … (Fuente de los Jardines de Luxemburgo, París, Francia)

Entonces, ¿tendré que cambiar el sentido de la normalidad? Porque repito, esto me resulta tan normal que únicamente tomo su dimensión cuando la gente se sorprende de mis planes. Sólo entonces yo también me sorprendo. O será que así son los sueños, uno los vive tantas veces en la cabeza que cuando están sucediendo parecen de lo más normal.

Pero esto es algo que no creía posible, que yo no era capaz de hacer. Algo que sin dudas soñaba, que admiraba en el resto, pero que no era para mí. Y ahora, de repente, soy yo mismo quién lo esta haciendo. Tal vez se trata de volver normal, aquello que parecía anormal.

Vuelvo a mirar el radar del avión. Esta sobrevolando África. Otra vez tengo la misma sensación de incredulidad. Dónde estoy!? Miro a mi alrededor, sigo sentado en el mismo asiento del avión que ya empieza a descender. Todo parece normal, todo parece real.

Es cierto, así son los sueños. De eso se trata, de hacer posible lo imposible.

... o con imaginación. (Museo "The Beatles Story", Liverpool, Inglaterra)

… o con imaginación. (Museo “The Beatles Story”, Liverpool, Inglaterra)